Se convirtió en la primera argentina en ganar Wimbledon
María Emilia Salerni hizo historia

"Tendré mi revancha en Wimbledon", sentenció María Emilia Salerni luego de perder, hace tan sólo unos pocos días, en la final de Roland Garros, luego de estar a un pelota de quedarse con el Abierto de Francia. Y ese trago amargo ante Virginie Razzano se terminó de olvidar este fin de semana, con una consagratoria tarea en Wimbledon para convertirse de esa forma en la primera tenista argentina de la historia en conseguir un título en las míticas canchas del All England Lawn Tennis & Croquet Club.

En la "Catedral", en ese lugar mágico para el tenis donde justamente nació este deporte, María Emilia entró en la historia grande ratificando todos sus pergaminos previos. Es la número uno, la mejor tenista del mundo entre los juniors tanto en singles como en dobles, y le puso un broche de oro a este presente inmejorable con un título que no olvidará jamás, con un triunfo que seguramente no terminó de asimilar. Porque es un hecho que Pitu no tiene idea de lo que consiguió, sabiendo de su humildad hasta en los momentos como este, que le puede hacer perder la cabeza a cualquiera.

El juego final

El cotejo decisivo frente a la ucraniana Tatiana Perebiynis, segunda preclasificada en Inglaterra y 283ª en el ranking de la WTA, Salerni se mostró también ante toda Latinoamérica a través de las cámaras de la cadena PSN. Pero la TV no nos ofreció lo mejor de la rafaelina: un comienzo muy errático le permitió a su rival, extremadamente sólida, pasar a comandar el juego hasta que Pitu varió la táctica, dejó de jugarle tanto al drive y Perebiynis comenzó a penar con la mejor jugadora del mundo entre los juniors. Así llegaron al 4 a 4 con el saque de la rafaelina, momento en que la lluvia nuevamente se hizo presente y la suspensión fue muy inapropiada para el presente de Salerni. Pero, sin embargo, 65' después volvieron al juego y Salerni aprovechó su primer set point a favor para adjudicarse el parcial con un 6-4 en 29'.

La definición

En el segundo set, María Emilia no pudo sacar provecho de tres ventajas con las que contó y en el segundo break Perebiynis le quebró el servicio. Después, una sucesión de cuatro quiebres consecutivos dejó las cosas 3 a 2 para la ucraniana, que mantuvo en el sexto game y se puso 4-2. Llegaba el tiempo de definición y el talento de la rafaelina terminó por quebrar a la rival: María Emilia ganó cuatro games seguidos y así pudo alzar por primera vez la preciada Copa de Wimbledon. Esa volea larga de Perebiynis que acompañó Pitu preparando el festejo quedará grabada en la memoria de la tenista local y de todos los rafaelinos. Es que, otra vez, una digna embajadora del deporte de nuestra ciudad escribe una de las páginas más gloriosas del tenis argentino. Casi nada.


Es finalista en dobles junto a la checa Dedanova
Con un título no se conforma

En el juego decisivo de hoy, Salerni tendrá enfrente a dos que intentarán "desquitarse": la rumana Gaspar y la ucraniana Perebiynis, a quienes la rafaelina les ganó en el single.

La lluvia londinense, tan tradicional y poco oportuna, le jugó una mala pasada a la jornada de cierre de campeonato que debía desarrollarse en la víspera. Como consecuencia de ello, María Emilia Salerni jugó la semifinal de dobles junto a la checa Daniela Bedanova y, tras ganar ese compromiso, deberá esperar hasta hoy para tratar de quedarse con su segundo título en esta edición del Abierto de Inglaterra. Además, Pitu buscará revalidar el campeonato conseguido en el '99 en esa especialidad, cuando lograra el máximo halago también con Bedanova como compañera.

La rafaelina y Bedanova derrotaron por 3-6, 6-1 y 6-4 a la dupla formada por la estadounidense Bethanie Mattek y la sudafricana Amiella Mojzis. El partido no comenzó bien para Salerni y Bedanova, primeras preclasificadas, quienes perdieron el primer set por un parcial de 3-6 en 29' de juego. No obstante, supieron reponerse rápidamente y en el segundo set aplastaron a la combinación Matekk-Mojzis por un contundente 6-1 en 23'. Y en un tercer y último capítulo muy parejo hasta el 4-4, lograron quebrarle el servicio a Matekk para así cerrar con el saque de la tenista de nuestra ciudad: luego de desperdiciar dos matchs poitns, se quedaron con el tercero y cerraron la historia en 35' para ubicarse en la final.

Las defensoras del título y máximas favoritas deberán enfrentar en la final a Iona Gaspar, de Rumania, y Tatiana Perebiynis, de Ucrania, que vencieron en su encuentro de semifinales a la estadounidense Alyssa Cohen y a la mexicana María José López por 6-3 y 6-2. Será, entonces, una posibilidad de revancha para Gaspar, a quien Salerni dejó afuera en las semifinales del single, y para la citada Perebiynis, que vio el sábado cómo la rafaelina se quedaba con el título individual.


Sufrir y festejar a la distancia

La televisión había terminado de ofrecer las imágenes del partido final femenino entre Davenport y la mayor de las Williams. Y lo que se presagiaba como una posibilidad concreta, finalmente se dio: optaron por televisar el encuentro decisivo entre Salerni y Perebiynis, haciéndolo prevalecer por sobre la final de dobles masculinos, en donde los Woodies buscaban más de lo mismo. Fue, entonces, cuando en la Redacción se pensó que la invitación había sido en vano: si televisaban el partido, seguramente Abelardo Salerni, el padre, no llegaría a seguirlo por Internet, tal cual sucedió durante toda la semana previa. Pero nos equivocamos, porque el hombre no solamente llegó al diario, sino que prácticamente no levantó la vista mientras todos estábamos "pegados" a la TV. Cuestión de cábala o quizás más relacionada al análisis de estadísticas y seguimiento de algunos detalles que ofrece la red, no se sabe. Lo cierto es que Lalo no se despegó de la computadora ni un instante.

Un cigarrillo tras otro, alguna golosina, pocas palabras. Nosotros, para no molestarlo, para no sacarlo de su concentración, sólo contestábamos con monosílabos lo que él indicaba, nada más. Preferimos no interrumpir ese rito que había cumplido cada vez que el sitio web de un Grand Slam se lo permitió. Y lo hizo también en la final del Abierto inglés, a su manera.

Llegó luego la lluvia. Suponíamos que se iba a calmar, pero para el hombre esa hora de suspensión no transcurría nunca. Imaginábamos la espera de Pitu junto a Sergio Ledesma, creábamos la probable conversación mantenida entre tenista y coach. Sonaba el teléfono celular que, aunque prestado, no descansaba. Y se reanudó el partido. Y terminó el primer set con la sensación de una pizca de tranquilidad, pero no hubo festejos.

Después, en el segundo, la cosa no varió demasiado. Un silencio absoluto, sepulcral, como si estuviéramos inclusive en el mismísimo court 1 del All England. Es más: si dejamos volar la imaginación y nos trasladamos hipotéticamente a ese mágico lugar, el umpire no necesitaría llamarnos la atención ni siquiera una vez.

En el 3-5, alguien se decidió a romper la rutina. Salió de la Redacción buscando una mejor recepción de radio Continental y escuchó el relato del final. Entonces, dejó a Lalo junto a otro periodista del diario y se emocionó tanto con las palabras sentidas de Guillermo Salatino como los gritos y el llanto del padre de María Emilia, que se hacían sentir. Y así la monotonía de la tarde del sábado se tradujo en el festejo compartido. Llegó la hora de la premiación, de la aparición de las primeras fotos de Pitu con su trofeo en Internet. Pero ella seguramente sabía que las lágrimas de su padre, a miles de kilómetros de distancia, también se constituían en otro premio invalorable.


Nunca tan grande

Se coronó en la Catedral del tenis como la mejor junior del mundo. Donde nunca antes un argentino había alzado la copa de campeón, recibió la distinción de manos del duque de Kent, primo de la Reina de Inglaterra. Y entonces todo Wimbledon supo que una nueva estrella comenzaba a brillar.

(Por Oscar Martínez) Los periodistas podemos tener dos corazones: uno normal, que regula los hechos con la lupa de la objetividad y otro alegre que se acelera ante lo extraordinario. Cuando el corazón normal queda funcionando ante el teclado de la computadora, sólo se logra reflejar un hecho que da respuesta a la gente. Cuando el corazón alegre vibra en armonía con la máquina, se da algo más que una respuesta: se da un homenaje.

Esta es la hora de homenajear a María Emilia. De brindarle con la letra escrita todos los gritos contenidos. De decirle con simpleza la dimensión de anchura. De reconocerle el color exclusivo de sus venas campeonas.

No es mi propósito escribir un comentario sobre un partido de tenis. Ni siquiera lo es analizar su futuro inmenso. Ni opinar sobre sus golpes o el calendario elegido. Cosas que realizo cada vez que sus actuaciones lo requieren. Cuando el corazón normal trabaja sólo contando los hechos cotidianos del deporte.

Es que Pitu acaba de escribir una página de gloria. La pelota impulsada por la ucraniana Tatiana Perebiynis se fue ancha sobre el fleje de su revés. Eran las 18,44 de una fría tarde del verano londinense. Entonces estalló el grito de "!Vamos!", en medio de un salto que inició su camino a la red. El estadio entero -el ya mítico court 1 de Wimbledon- la ovacionó, aunque ella dificilmente lo advirtiera. Tenía otras urgencias, la movilizaban otros impulsos, quería abrazar al mundo abrazando a su hermana Mariana. Corrió apretando el puño, sonriendo dulcemente, con la dulzura infinita de la que sólo ella es capaz. Sabía que acababa de marcar un hito en la historia del tenis: terminaba de ganar un Grand Slam, se aseguraba el sitial de mejor junior del mundo y se convertía en el primer tenista argentino en levantar una copa sobre el césped inglés.

La Salerni tenista, la Pitu campeona, la María Emilia grande sin antes ni después, la del pelo rubio y la mirada limpia. Esa que está con la ropa deportiva y la raqueta amiga al costado, con el exclusivo idioma de su oficio, ha pasado a la historia del deporte blanco, el mismo que dicen se inició por estas tierras, dejando su imagen eternizada en la nómina de los mejores del mundo.

No es el tiempo de las tibiezas. Pero tampoco el de los festejos desbordantes porque el camino recién se empieza a recorrer. Es el tiempo de la satisfacción. Por saber que definitivamente era cierto aquello en lo que siempre creí, por las empresas que apostaron a que Rafaela tenga una gran campeona, por la gente de la ciudad que se emociona y respalda desde el alma en cada actuación, por la familia que dio todo por el sueño, hasta lo que ni siquiera tenía, y por los que no creyeron entonces y hoy traducen en pomposas frases el presente que los golpeó.

Es que ante lo insignificante o ante lo grandioso no hay palabras. Quedan definidos por sí. En el momento de la gloria, de la fama, María Emilia siguió siendo Pitu. Ni siquiera allí se dejó atrapar por el egoísmo de la insensibilidad. También allí demostró que es grande fuera de la cancha. Ella lo hizo todo, pero lo compartió con aquellos que la ayudaron a conseguirlo. Eso sólo lo pueden hacer los grandes. Los verdaderamente grandes. Y Pitu lo es.

"Es para mis padres"

"Para mis padres, que me apoyaron siempre". Cuando se moría la tarde del sábado, la campeona tenía el tiempo para el análisis y la emoción.

"Sentí mucho la magia de Wimbledon, jugar en un estadio tan grande, con tanta historia y con mucha gente en las tribunas. Hasta que se interrumpió el partido por la lluvia, cuando había remado para ponerme 4 iguales, me sentí nerviosa. Pero en ese momento me di cuenta que le había 'agarrado la mano' al juego, entonces me dije que el partido era mío. Sergio (Ledesma, su entrenador) me pidió que siguiera de ese modo y así fue. Pude cerrar el primer set, pero en el comienzo del segundo me caí un poco. Hasta el 3-5 abajo jugué muy mecanizada, con muchas paralelas sobre el mejor golpe de ella, que es la derecha. A partir de allí, pensé mucho más, le comencé a tirar al revés, subí a la red y, sobre todo, mejoré mi saque para ganar el partido".

Las sombras del Abierto de Francia no aparecieron en el All England Lawn Tennis & Croquet Club. Aquella final que se escapó a sólo un punto en París tuvo su tiempo de revancha, y María Emilia lo recordó diciendo que "en el match point traté de pensar que sólo se trataba de un golpe más, no quería que me pasara lo mismo que en Roland Garros", añadiendo además que se trató de "un punto muy peleado que pude ganar muy bien".

¿Qué pasó después del último punto? La televisión la mostró paseándose un tanto nerviosa por la cancha, agradeciendo hasta con timidez los aplausos del público, como tomándose su tiempo para dejar que por su mente transcurrieran muchas imágenes con el vértigo que esto suele acontecer. Después sí, emuló a Venus Williams, la ganadora del single femenino y se metió en las tribunas. "Estar nuevamente con Mariana (su hermana mayor) es muy importante, lo mismo que tener cerca a mi entrenador. Ellos me apoyan en todo, por eso el festejo fue con los dos".

Dicen que los futbolistas son los deportistas que más cábalas respetan. Pero no son los únicos, porque hay muchos otros y de diferentes disciplinas que tienen sus rituales personales. María Emilia no es la excepción y manifestó que "tengo de cábala usar la misma toalla, una que llevo siempre en mi bolso. Además, si saco yo y gané el punto anterior, uso la misma pelota".

"No hablé en toda la semana por teléfono con mi familia en Rafaela, pero me comuniqué con ellos a través de Internet. En principio quiero agradecerles a mis padres todo el esfuerzo que hacen para que yo pueda estar aquí. Para ellos es este triunfo. Y para Rafaela, porque sé que siguen mi carrera de manera muy especial". Es que ella es especial. Nosotros sólo la reconocemos como tal.

Notas Días Anteriores:

Con un título no se conforma
(09/07/2000)


Salerni: "Se me ha cumplido un sueño"
08/07/200

Aberlado Salerni padre de María Emilia, siguiendo el partido por Internet desde Rafaela
(08/07/2000)


María Emilia Salerni finalista en Wimbledon
El sueño de la Pitu está muy cerca
(07/07/2000)

María Emilia Salerni semifinalista en Wimbledon
Entre las cuatro mejores
(07/07/2000)


Salerni avanza en Wimbledon
Ganó en singles y se quedó con la victoria en dobles
(06/07/2000)


Una victoria y media 
Salerni se impuso en singles y está a un punto de ganar en el dobles
(05/07/2000)