Hazaña de Salerni en Roland Garros
Golpeando las puertas 
de la gloria


Conferencia 
de prensa


Fotos: Prensa rolandgarros.org
La tenista rafaelina cayó ajustadamente en la final del single junior ante la francesa Virginie Razzano. Fueron tres sets de alto nivel técnico y emotivo donde Pitu deslumbró con su talento. En la mañana de hoy arribará a nuestro país, con el fin de prepararse para jugar la temporada de césped.

(Por Oscar. A. Martínez) La primera sensación es de bronca. Una bronca intensa, profunda, violenta, que invita a hundir el puño en el pupitre endeble, que se niega a reconocer la legítima euforia de la local Virginie Razzano, que obliga a mirar con recelo a las tribunas donde los franceses vivan a su tenista con los brazos al cielo. Una gran bronca. La Copa del single femenino junior de Roland Garros, el segundo Grand Slam de cada temporada, se quedará cerca del mítico estadio parisino. Y se quedará allí después de haberla acariciado, de tenerla tan cerca, de sentirla tan propia.

La segunda sensación es de pena. Una pena terrible, brutal, deprimente, por la mueca de dolor de su entrenador Sergio Ledesma, por la tristeza de su hermana Mariana, compañera de viajes y apoyo incondicional, por el desconsuelo del resto de la familia que esperaba noticias entre la radio, la televisión y los nuevos caminos de Internet. Y por el llanto contenido de María Emilia, que trata de explicar lo que tardará mucho tiempo en entender.

La tercera sensación es de alivio. Porque ya pasó todo y lentamente, desganadamente, cada uno va entendiendo que la vida deportiva sigue. Y que hay que tomar rápidamente un avión para subirse a una nueva ilusión. Y que ese desafío lleva nada menos que el nombre de Wimbledon.

La cuarta sensación es de orgullo. Por haber sido testigo de todo un camino recorrido antes de la primera parada grandiosa. Por saber que esta chiquita rubia que acaba de maravillar con su talento a los espectadores de la primera final junior del 2000 es nuestra. Rafaelina. Argentina. Por aquello de que lo que amamos lo consideramos de nuestra propiedad.

El court número 1, el mismo fatídico estadio que fue sede de la más dolorosa derrota de Gabriela Sabatini -ante la estadounidense Mary Joe Fernández- sirvió para que las dos mejores juniors del más importante torneo mundial sobre polvo de ladrillo se paren frente a frente a las 15 horas de la luminosa jornada de domingo. Fue un encuentro memorable, de alto nivel tenístico y emotivo que paralizó a la gente, y que la obligó a reconocer reiteradamente el juego de Salerni.

La número uno del mundo sabía que debería superar no sólo a la tenista local sino también al público, que la apoyaría de manera incondicional. "Yo no le voy a dar importancia a eso; trataré de dar lo mejor de mí para quedarme con este torneo", dijo Pitu. Y de hecho que lo hizo. María Emilia llegó a la final tras superar dos primeras rondas en donde los nervios le jugaron en contra, pero luego fue recuperando la confianza y con ella su tenis de saque mortificante y golpes sólidos y parejos. Razzano, además de su condición de local, contó con una ventaja extra: jugó también en el cuadro de profesionales, donde superó dos rondas (venció a la búlgara Lubomira Bacheva y a la rusa Elena Dementieva) antes de caer ante la campeona Mary Pierce por 6-4 y 6-0.

Esta experiencia fue fundamental a la hora de la definición. Pitu ganó el primer set por 7-5 jugando con llamativa solidez y soltura tras superar un momento de gran paridad. Razzano levantó y se quedó con el segundo por 6-4 explotando perfectamente la ventaja que tomó en el comienzo del parcial. El tercero merece un párrafo aparte. Tuvo el mismo gran nivel técnico de los juegos anteriores, pero duplicó su emotividad al acercarse en cierre del match. Y María Emilia pareció, y mereció, ganarlo. La francesa fue al saque perdiendo 4-5 y rápidamente cometió un par de errores forzados por la presión de la rafaelina. En el 15/40 el título amenazó con cambiar de continente, pero los dos match points se esfumaron gracias a la experiencia de una gran tenista que se jugó a ganadora y acertó dos plenos. Entonces el partido cambió de manos a pesar de que Pitu peleó hasta el 8-6 final.

"La verdad es que estoy muy triste porque sentí que la final era mía. Ella jugó muy bien todo el partido y se hizo todavía más dura en el final. Pero igual tenía mucha confianza en mi tenis, porque con el correr de los días fui encontrando mi juego. Es como si de golpe se me terminara un sueño. Yo quería ganar acá. Espero tener otra oportunidad. Creo que me la merezco".

La Copa se fue y temblamos todos. Y ahí empiezan las sensaciones: la bronca al principio, la pena después, el alivio, el orgullo. Allá se fue María Emilia, aplaudida de pie por un público que sabe y valora. Pero sin la Copa. Es una pena. El público aplaudió que haya regado la cancha con sudor y talento y puso un paño sobre sus ojos llorosos. Es una alegría.

Esta Copa tiene dos campeonas: Virginie Razzano, que se la llevó legítimamente, y María Emilia Salerni, que la perdió deslumbrando con su tenis.

Hay derrotas que humillan y hay derrotas que honran. La de ayer está claramente ubicada entre las últimas, porque María Emilia se retiró de Roland Garros con el título de ser vencedora aún vencida.

Fernando Laurenti - Sec. Deportes Diario Castellanos para Rafaela.com deportes@castellanos.com.ar

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