Fecha Lunes, 23 abril 2007 a las 10:48:11 Tema Noticias
Los teólogos del Vaticano acordaron, después de meses
de reflexión, que el limbo no existe y que las almas
de los niños muertos sin bautizar van directamente al
paraíso, con lo que ponen fin a una tradición secular
que ha atormentado a generaciones de madres.
En un documento adoptado con el acuerdo del papa
Benedicto XVI, la Comisión Teológica Internacional del
Vaticano concluyó que "hay bases teológicas y
litúrgicas serias para creer que cuando mueren, los
bebés no bautizados se salvan".
La idea del limbo refleja "una visión demasiado
restrictiva de la salvación", dedujeron los teólogos.
Este dictamen echa por tierra la arraigada creencia de
la existencia del limbo, lugar situado entre el
infierno y el paraíso al que estaban relegados los
niños sin uso de razón que morían sin haber recibido
el sacramento del bautismo.
El documento redactado por la comisión, del que fueron
publicados algunos fragmentos en inglés en la página
'web' de la agencia estadounidense Catholic News
Service (CNS), no se ha difundido oficialmente, aunque
está terminado desde hace varias semanas, afirmó a AFP
uno de sus miembros, el arzobispo de Dijon (Francia),
Roland Minnerath.
Dios es misericordioso y "quiere que todos los niños
se salven", estimaron los teólogos, reunidos bajo la
autoridad del prefecto de la Congregación para la
doctrina de la fe, el estadounidense William John
Levada.
No obstante, recalcaron que su conclusión se
fundamenta más en "una esperanza piadosa" que en "una
certeza probada".
En 1984, el cardenal Joseph Ratzinger, que hace dos
años fue nombrado Papa, ya se decantó a favor de la
nueva teoría al declararse partidario, "a título
personal", de abandonar "la hipótesis" de la
existencia del limbo, que significa en latín límite o
borde.
La idea del limbo fue esbozada en el siglo V, cuando
San Agustín intentó responder al siguiente enigma:
como el pecado original es eterno, si los bebés se
mueren sin haber sido bautizados y, por tanto, sin
haber sido borrados de ese pecado, ¿a dónde van sus
almas? No podrán entrar en el paraíso pero, como aún
no han hecho nada malo, el infierno tampoco es un
lugar apropiado para ellos.
El concepto del limbo cobró forma en el siglo XIII,
sin que la idea acabara de cuajar en todos los fieles
y de convencer a las madres atormentadas porque tras
perder a un hijo muy pequeño, se quedaban además sin
el consuelo de saber que estaba en el paraíso.
Pese al retroceso de la mortalidad infantil, el tema
sigue siendo de importancia capital para la Iglesia
Católica, enfrentada a la práctica del aborto y al
descenso constante del número de bautizos.
La Comisión Teológica Internacional quedó a cargo de
la resolución del problema, que fue incluido en su
programa de trabajo de los años 2004-2005. Y tras
meses de laboriosas reflexiones concluyó que los bebés
van al cielo.
Gentileza: Daniel Palacios - Bs.As.
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