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Algo está pasando que te quiero tanto (una crónica de Spinetta y las Bandas Eternas). Por Francisco Marzioni

El 4 de Diciembre de 2009 fue una fecha histórica. Luis Alberto Spinetta bajo el nombre de las Bandas Eternas, reunió en el estadio de Velez Sarsfield de Buenos Aires, a todos los grupos de los que formó parte alguna vez, además de recorrer muchos momentos de su trayectoria como solista. Francisco Marzioni, con el recuerdo todavía latente de esa noche, escribió ocho días después y para Facebook una crónica que, luego de seis años, sorprende por su espontaneidad, frescura y entusiasmo. 

Viernes, 4 de Diciembre de 2015 | 14:38 (actualizado a las 18:16)
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Acá les traigo una crónica exlusiva para Facebook, donde cuento con detalle lo que viví en el recital de Spinetta y las Bandas Eternas, el 4 de diciembre de 2009, en Vélez. Me gustaría haber dicho más todavía, pero ya tiene como 5 páginas así como está. Dedicada a Daniel Pellegrinet y Javier Alemandi que me escribieron pidiendo mi opinión del show. Tambien a Natalia Pellegrinet que no pudo ir y es una lástima. También se la dedico a Huffman, compañero de ruta. 
 
1. Llegamos al estadio de Vélez con mi primo/sobrino/amigo/compañero de aventuras Huffman Rethro alrededor de las 16. Viajamos en tren desde Capital, unas pocas estaciones fueron suficientes para que se transforme en una especie de túnel del tiempo/espacio hacia Spinettalandia. Ya cuando llegamos veíamos hippies roñosos por todos lados, lo que nos daba la pauta de que la fauna spinetta estaba a pleno. Teníamos entradas a campo, y cuando llegamos a nuestro sector, Huff encuentra a sus compinches de Iris Zanfona, una banda de rock progresivo que, casualmente, eran los primeros en la fila de ingreso. Con mucha buena onda nos invitan a compartir el lugar. 
 
2. La policía y su violencia simbólica innecesaria. Nos revisan poco. Logré pasar los fasos. 
 
3. Nos ubicamos en la valla. Estamos primeros. El sol enceguece, pero en un rato va a caer. Nos enteramos de la triste verdad: la organización redujo el espacio para Campo, y el límite está más allá de la mitad del estadio. Calculamos que el campo completo no mide más de 80 metros. Predecimos una noche difícil. Indignación, quejas, lamentos. El Campo VIP, minado de sillas de plástico negras de $15, se muestra ante nosotros vacío y burlón. 
 
4. Las horas pasan rápido. Entramos a las 17 al estadio, y a las 21 el Campo está lleno. En el VIP la gente charla tranquila, en el Campo hay una marea violenta, hordas spinetteanas deseosas de escuchar a su ídolo. En la valla tenemos aguante, peor tampoco somos de piedra. El recital se atrasa y hay impaciencia. Comienzan cantos del campo contra el VIP, reclamando el fin de las diferencias de clase. Una botella de Talacasto casi llena surca el aire y pega en las últimas sillas vacías del VIP. Si los dueños de los asientos se sentaban, morían por el impacto. Indignación, advertencias, corrida policial. Impaciencia. 
 
5. El Flaco sale a escena y todo se olvida. Dice que vana faltar algunos esa noche. Los ausentes con aviso: Pedro Aznar, Andrés Calamaro. E Indio Solari. Una lástima. Toca “Mi elemento” con su banda actual, que tiene un agregado clave: Guillermo Vadalá en guitarra. Sí, en guitarra. El violero de “La rueda mágica” tocó la viola todo el show. Un maestro. La valla era dura, pero se escuchaba genial. La puesta, llena de colores y formas que cambiaban todo el tiempo, fue muy psicodélica. Si el show era en un teatro la rompía todavía más. 
 
6. Entra Baltasar Comotto, el violero del Indio, y tocan “Tu vuelo al fin”. El silencio en el campo se impone, mucha incertidumbre. Spinetta habla entre tema y tema, cada vez que presenta a un músico nuevo le dice “genio”. Uno le perdona todo. En especial cuando entra Diego Rappoport y empieza lo caliente. Tocan “Ella también” y “No te busques ya en el umbral”. No lo puedo creer. Canto a los gritos como loco. Me dejo emocionar, dejo que el corazón se me escurra con los “pim pim” del teclado. Pienso en la cantidad de veces que escuché “Umbral” en la pieza de la casa de un viejo amigo. No sería la última vez que recuerde esa pieza. 
 
7. Se viene “Fina Ropa Blanca”. Lo cierto es que nunca creí que iba a escuchar un tema de Don Lucero en vivo. Para mí, lo mejor de Spinetta es su etapa solista de los `80, me gusta más que Pescado y Almendra juntos. De pronto, escucho esa intro de viola y no estoy en Liniers del 09, sino caminando por Córdoba en el `98, escuchando Don Lucero en un casette. Pienso en la chica en que pensaba cuando escuchaba Fina Ropa Blanca. Ahora le queda justo a otra chica esa canción. Spinetta es un fantasma que deshollina todo mi cuerpo. Entonces, entra el Mono Fontana y tocan “La bengala perdida”. Se cae el estadio sobre la valla y sobre mí. Me importa un choto y canto otra vez a los gritos. 
 
8. Con Juan del Barrio, uno de los tecladistas de Jade, tocan “Sombra de los Álamos” y “Alma de diamante”. Excelentes versiones, todo suena como en los discos originales, pero refrescado, más actual, más fuerte. La gente suda, canta los temas, no lo pude creer. Spinetta hace el solo de “Alma…” con ese sonido Midi de viola y se me pone la piel de gallina. Pero el mismo Flaco la corta con la nostalgia, y hacen “Cisne”, de Para los Árboles. Buen tema, el público descansa, yo lo canto pero despacio. No estaba listo para lo que seguía, porque el Mono vuelve a escena y se pone a tocar la intro de “Al ver verás”. Y ahí se me sacude el corazón bien fuerte. Hacía varios meses había escuchado ese tema obsesivamente por semanas. La letra es una de las mejores letras del Flaco. “Todo dura un instante, para toda la vida”. Un instante eterno, escuchar esa canción. La completan con “No ves que ya no somos chiquitos”, y el estadio se vuelve una nave espacial con los teclados del Mono. El Flaco presenta a Malosetti, y con un bajo de 6 toca “Cielo de ti”. Me acuerdo de la pieza, y de mi viejo amigo tocandoi ese tema en la plaza 25 de mayo, adonde íbamos a tomar Fernet. Me acuerdo que le escribí una frase de ese tema a una chica en la puerta de su casa. “Ojalá tuviese yo tu amor así / sin saber cómo entrar o cómo salir”. Una frase bella y misteriosa. Apretado en la valla, sudado y afónico, a las 11 de la noche de un diciembre en Liniers, la frase volvió a tener sentido para mí. 
 
9. Entra Fito y automáticamente me pongo en guardia. Todos lo aman y lo aclaman. Yo no. Tocan “Las cosas tienen movimiento” y una de La La La que no sabía. Mucho después, Fito se iría del estadio y pasaría frente a la valla del campo. Todos los que estaban primero lo saludaron y él se hizo el forro. Yo le grité “Fito, traé agua que estamos cagados de sed, careta”. 
 
10. El Flaco flashea con Miguel Abuelo y toca “Mariposas de madera”. Por primera vez escucho el tema con atención y no está nada mal. Dice que la “Muchacha ojos de papel” tiene que ver con las mariposas de madera. Capaz tiene razón. Después sigue con los covers y hacee “El rey lloró”. Canto feliz, es el mejor tema de Los Gatos, y tocado por Spinetta parece un tema de Almendra. Lo invita a tocar la viola a Beto Satragni, me pone muy bien verlo feliz y tocando mucho. Sigue otro cover, un tema de Pappo que no conocía. Spinetta dice que la letra es re rockera, y que va a invitar a un rockero. Entra Juanse y hay un silencio en el campo, nadie sabe bien cómo reaccionar. Se escucha un chiflido atrás, y el campo empieza a agitar. Le gritan “pomeeeelo, pomeeelo”. El VIP aplaude respetuosamente. Todos caretas. Juanse trata de ganarse al público sobreactuando su rockería, pero lo siguen abucheando cuando se va. 
 
11. El orgasmo del VIP sucede justo después, cuando entra Gustavo Cerati. En el campo lo aplauden tibiamente, algunos lo insultan. Yo le grito “te queda grande, puto!”. Y ahí me la vuela. Tocan “Té para 3”. El tema más spinetiano de Soda. Me quedo colgado escuchando al Flaco cantar ese tema. Es un momento importante, y todos lo entienden así. Después entra Gustavo Spinetta a la batería, y todos la ven venir. Uno dice que es igual a Charly Alberti, y tiene razón. Se escucha la viola grave. “pu pum pum” y todos gritan como locos. “Bajan” suena y casi tumba el estadio. La monada enloquece y canta desaforada. Spinetta se olvida un toque la letra y a todos les chupa un huevo. Gustavo Spineta –“mi hermanito”, diría el Flaco- no toca tanto como Verdinelli. Pero él grabó las batas de Artaud y eso lo convierte en un semidiós. Se va Cerati y se queda Gustavo Spinetta. Tocan “Cementerio Club” que larga de golpe y toma casi por sorpresa a todos. Pero alcanza a gritar el estadio entero “justo que pensaba en vos, nena, caí muerto”. La monada sigue enloquecida. Hasta canta el riff. 
 
12. Y de ahí, es una montaña rusa. Entra Leo Sujatovich y casi me meo encima. Entre los dos tocan “Era de Uranio”, “Vida Siempre” y “Maribel se durmió”. Otra vez me tomo un De Lorean en mi mente y pienso en todos los que escucharon mil veces estos temas y no tenían una sola de chance de escucharlo en vivo. Las letras tienen más fuerza en vivo, las palabras llegan mejor al oído. La valla del campo es una fiesta, música, colores que vienen de la puesta en escena y te la vuelan. A Spinetta no se le cayó una nota de la voz desde que grabó esos temas hace casi 30 años, los canta igual o mejor. Leo Sujatovich se recibe como el mejor tecladista del rock argentino. 
 
13. Spinetta presenta a Dante y leeva. Sus hijos. Dante toca la viola a un costado. “No toca tan asiduamente la viola como yo quisiera” dice el Flaco. Le doy la razón. Hacen un tema de Javier Martínez, “Necesito un amor”. Buena canción. Leeva, pseudónimo de Valentino Spinetta, rapea arriba del tema. Parece High School Musical. Le gritan “Flaco, tus hijos no te merecen” desde el fondo del campo. 
 
14. Se escucha una débil percusión. La reconozco al instante pero no lo puedo creer. Ni siquiera lo termino de creer cuando escucho los pianos de la intro, pesados, y eternos. Mucha gente en el estadio no entiende lo que está pasando, hasta que Spinetta canta. “Conozco un empleado que fue muerto de pena / enamorado de las sirenas”. El Flaco hizo Filosofía Barata y Zapatos de Goma, solito con su banda. La mejor versión del universo. Le queda justo. Es un temazo. La letra mata. La banda la rompe. Vadalá toca un solo de guitarra tremendo. “Quise quedarme pero me fui”, canta el Flaco, y todos sienten lo mismo: es el resumen de la división de aquel dúo interplanetario. Todos sospechan lo que viene. Yo ya no puedo más de emoción. 
 
15. Presenta a Charly y el tipo entra y saluda a la gente. Está gordo y medicado, pero está. Se abrazan. Aplausos interminables, emociones, gritos, saltos del campo. Se escucha la violita de la intro de Rezo x Vos y estalló el planeta. Muchos nos emocionamos hasta las lágrimas. Grité, lloré, canté. Me entregué a ese momento cósmico. Quemé las cortinas y me encendí de amor. Sagrado. 
 
16. Si el recital terminaba ahí yo hubiera salido feliz. Spinetta pide 15 minutos para armar la próxima puesta en escena, y nadie entiende nada. Estamos cansados, felices, ebrios de música. En el VIP la gente se para y se pone a charlar tranquilamente. En el campo estamos hacinados y hechos mierda. A medida que pasan los minutos sin música, con calor y sin agua, el Campo se violenta y empiezan los cantitos contra el VIP. Les gritan “caretas”, “sojeros”. Los amenazan. Sin música, las huestes spinetianas toman conciencia de clase. 
 
17. Se prenden las luces de nuevo. El escenario es diferente. Hay una bata en una tarima, en el medio del escenario. Todo muy minimalista. El Flaco habla y recuerda al Tuerto Wirtz. Todos los recordamos. Dice que van tocar un “set homenaje a los Socios del Desierto”. Entra Marcelo Torres, y me pongo loco. “Profe!!” le grito. Y la sorpresa: Javier Malosetti en batería, reemplazando al Tuerto. Tocan “San Cristóforo” los tres, y suenan ajustadísimos, exactos, perfectos, tal y como lo recordaba en los shows del `96, en Rosario. Malosetti reproduce no sólo el estilo del Tuerto, sino las partes grabadas por él, golpe por golpe, con precisión quirúrgica. Tocan “Bosnia”, y vuelvo a recordar a mi viejo amigo y esa pieza donde esuchcé el disco negro de Spinetta y los Socios del Desierto hasta que lo rayamos, lo hicimos mierda. Salvaje, poderoso, filoso, metálico. La viola del Flaco es mágica, reproduce sin cuestionar todos los sonidos que lo obsesionaron en su carrera. Vuelvo a escuchar esos solos llenos de ruidos, acoples, esas notas que corren enloquecidas por el diapasón, pisándose, empujándose, haciendo vibrar todo. Tocan “Nasty People” y noto algo raro. Falta algo. La furia. Recuerdo “Nasty People” en Rosario del `96, en el Teatro El Círculo, Spinetta estaba enojado con la prensa, con las discográficas, con el entorno, con los músicos. Y eso se notaba. Ahora está feliz, no tiene la furia de aquel tiempo. La versión es digan igual muy copada. Lo cierto, amigos, es que a pesar de nuestros esfuerzos y esperanzas, nada vuelve nunca. Spinetta lo sabe, y cuando los despidió, los llamó “los Socios del Concierto”. 
 
18. Llega uno de los momentos más esperados. Insisto: si el recital terminaba ahí, yo me iba feliz. Todos nos íbamos felices creo. Spinetta presenta a “un gran músico, que me acompañó siempre”. Se escucha el nombre repetido en el campo. Entra Machi Rufino y la monada enloquece. Entra Pomo y todos se vuelven locos. Larga “Durazno sangrando”, y todos los músicos de bandas progrsivas que ahí había (unos cientos, calculo) se habrán orinado encima de emoción. Ahí estaba Invisible. La locura volvión “Jugo de Lúcuma”, un tema que nadie pudo prever. Suena igual que en el disco. Ni una nota de menos. Los tres instrumentos dialogaban y se ponían de acuerdo siempre. Habíamos escuchado otro trío antes que sonaba muy diferente, a pesar de tener el mismo líder. Siguió “lo que nos ocupa es esa abuela”, y ya nada volvería a ser lo mismo. 
 
19. Recordé todo el tiempo el trío que yo tenía en mi adolescencia. Al principio, eramos una imitación de invisible. Después, cuando salió el disco negro, imitamos a los Socios. Pensé en mis antiguos compañeros de banda, e imaginé que estaban escuchando Invisible también, en algún lugar del estadio. Cuando sonó “Niño condenado”, me quebré una vez más. La melodía de esa canción activó algún tipo de circuito en el corazón. “Habla conmigo, perro de la luvia”. Cerraron el set con un homenaje a tanguito, y la demoledora versión de Invisible de “Amor de primavera”, donde Lito Epúmer tocó la viola como invitado. 
 
20. Luego de Invisible, otro intermedio. Volvió la conciencia de clase en el campo, y todos agitaban a los del VIP, que ya se habían convertido en enemigos naturales. Durante el set de Invisible, el VIP apenas se dio cuenta. Y aplaudió tibiamente. Todos boludos, decíamos en la valla. 
 
21. Pescado Rabioso volvió con algunos cambios. David Lebón no toca el bajo, toca la viola. Y Vadalá lo reemplazó en el bajo. Podría haber sido peor, podría haber tocado Nerina Nicotra el bajo. Me molestó un poco el cambio, pero el entusiasmo de todos era tan grande que me contagió. Y si lo que necesitaban era mi aprobación, la consiguieron cuando largaron el primer tema: “Poseído del Alba”. “El alba te sorprenderá con la vista sumergida en el mar”. ¿Uno de los cinco mejores temas de Pescado? Sí, seguro. El tema que abre el Pescado 2, una rareza imposible de prever. Y la hicieron. Y la escuchamos. Y la gritamos. “Es que quiero amarte!!” le gritábamos al Flaco. Después pasaron otros clásicos, y el que más canté fue “Credulidad”, que durante años fue mi favorito de Pescado. La monada agitaba, no había pogo pero todos saltaban. Era tarde, estábamos cansados, eran como la 1 y media de la mañana, pero no importaba nada. Spinetta era una usina rockera y nosotros teníamos mucha sed de su energía musical. Cuando entra Bocón Frascino con su viola, y vemos a Lebón-Spinetta-.Frascino pisando la distorsión, dije “acá se acaba el mundo”. Eran los verdaderos 3G. “Me gusta ese tajo” tuvo mucha energía, pero Post Crucifixión hizo lo que nadie pensaba que podía lograr Spinetta: un pogo memorable. La monada cantaba el riff como si Dios estaría escuchando. 
 
22. Ese fue el punto más álgido del show. Después las cosas se calmaron un poco. Apareció Almendra y el VIP estalló en aplausos, pero el campo respaldó tibiamente. La monada del campo banca al Spinetta progresivo y jugado, no al Spinetta conformista que toca cancioncitas. El VIP eran viejos chotos nostálgicos, y ahí quedó bien claro. Igual,m el set de Almendra fue muy emocionante, en especial temas como “Fermín” y “A estos hombres tristes”. Yo sentía que eso no era Almendra, sino más bien 4 músicos del carajo tocando temas de Almendra. Tienen como 35 años más, tocan mucho mejor que cuando grabaron esos temas, y suenan infinitamente mejor. A mí me gusta mucho el disco del regreso, “El Valle Interior”, pero esperar que hagan un tema de ahí es una utopía. Mejor nos quedamos fumando el último faso y mirando a esos viejitos venerables escribir la historia. Cuando hicieron “Muchacha”, al final, todos en ronda con una viola, demostraron que ese tema es una cosa fuera de este mundo. 
 
23. Muchos predijeron que ese iba a ser el final. Pero sería demasiado efectista para el Flaco. Entonces se bajó del De Lorean y se puso a hacer temas nuevos. Eran como las 2 y media de la mañana y nadie le iba a pedir otra. Pero él seguía dando y dando. Tocó “8 de octubre”, el tema que hizo con León Gieco, donde lo invitó a solear a Ricardo Mollo. “A vos te quiero hasta con caca”, le dijo el Flaco. Sin dudas, la aparición de Mollo despertó la ovación del campo, que lo banca a más no poder. Mollo le agradeció al Flaco “por esta noche”, y tocó como siempre, aunque con una novedad: no usó distorsión, algo que no se ve desde hace mucho. Mollo es el anticerati, en relación al público de Spinetta, porque el fandom del Flaco lo banca a morir. Después, se fue Mollo y cerró a todo trapo con “Yo quiero ver un tren” –version igual a la del Unplugged- y “No te alejes tanto de mí”. La monada, que a esa altura no podía creeer que el Flaco siga disparando munición gruesa, saltaba y saltaba, hasta el final del show. 
 
24. “Algo está pasando que te quiero tanto”. 
 
25. Nos fuimos despacio. Salimos del estadio, y algunos hacían “muuu, muuuu” simulando el sonido de las vacas. Los de seguridad nos arriaron hasta la salida y ahí la pueblada tomó las calles, ranchería y pizzerías de Liniers. Tomamos coca cola, comimos pizza con Huffman, y totalmente fusilados, nos volvimos en el tren Sarmiento. EL amanecer se acercaba veloz, por las ventanas pasaba el Gran Buenos Aires, y nosotros apenas podíamos hablar, y no podíamos dejar de comentar el recital. Sabíamos que habíamos vivido algo histórico y difícil de explicar, que habíamos estado en al primera fila de algo que muchos recordarían por siempre. Con el corazón en la mano, lo oídos repletos de música, y el cuerpo que reclamaba descanso y meditación, nos fuimos a dormir. Pero no a soñar. El sueño ya lo habíamos vivido. 
 
Francisco Marzioni. Sábado 12 de diciembre de 2009.
 
 
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