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La gloriosa y temeraria vida de Rock ‘n’ Roll de Marianne Faithfull

Algunas vidas representan toda una era.  Marianne Faithfull, que tuvo su primer éxito en 1964 -una canción escrita a los 20 años de edad por Mick Jagger y su amigo Keith Richards, es Rock ‘n’ Roll.
 
 
Lunes, 6 de Octubre de 2014 | 11:23 (actualizado a las 11:48)
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Ella tenía 17 años, y era una remilgada rubia británica que despertaba fantasías aristocráticas. Andres Loog Oldham, manager de los Rolling Stones, se le acercó en una fiesta donde había integrantes de los Rolling Stones y los Beatles, y le aseguró: “Voy a convertirte en una estrella, ¡y eso es sólo el comienzo, nena!”.
 
En las siguientes décadas, Faithfull vivió una multiplicidad de vidas, navegando y, a veces, al borde de ser destruida por una energía extática que ella ayudó a desatar. Ella era “la chica del momento. Una figura ingenua del pop en 1964, una estrella en 1965, un tórrido romance de una noche de Richards en 1966, la musa y pareja de Jagger durante varios años, la cantante que rechazó a Bob Dylan; Miss X en la famosa redada en la casa de Richards en Redlands en 1967, la mejor amiga de la modelo Anita Pallenberg; amante de la magia negra y los alucinógenos. Probó y tocó todo lo que fascinó a su generación de baby-boomers. “Siempre fue percibida como una mujer muy valiente, muy genial, que se inventó a sí misma”, dijo la actriz británica Charlotte Rampling. “Siempre fue ella misma, sin seguir ningún molde, y es muy impresionante cuando una persona puede vivir de esa forma”.
 
La vida de Faithfull replicó la historia misma del rock ‘n’ roll, que comenzó con melodías juguetonas y saltarinas y Frankie Lymon and the Teenagers, para luego pasar, por un tiempo, a melodías atonales y discos conceptuales, que es otra forma de decir “experiencia”. Para los años ‘70, ya había perdido todo y estaba en la calle, una adicta más cargando con su jeringa. Su voz era un susurro y estaba desesperada. 
 
Regresó en 1979 con el titánico disco glo, convirtiendo en música su roce con el lado oscuro. Había seguido la trayectoria clásica del héroe: el ascenso al estrellato, la rebeldía con la sociedad, el viaje a una zona de sombras, y el regreso. Durante todo esto ha seguido siendo un objeto de fascinación, una supuesta musa de canciones icónicas como You Can’t Always Get What You Want de los Rolling Stones. Cuando le pregunté si había sido la inspiradora de Wild Horses de los Stones, me contestó: “Así me dijeron, pero eso no significa nada. Los músicos dicen eso todo el tiempo. ´Esta canción es para ti, nena´”. 
 
Se cumplieron 50 años del lanzamiento de su primer simple As Tears go by, el éxito con el que comenzó todo. Un nuevo disco –Give My Love To London- marcará ese aniversario. Si usted quiere experimentar el paso de las décadas, debe escuchar el nuevo disco comparándolo con sus primeras grabaciones. A comienzos de los años ‘60, su voz era verdadera: simple y aniñada, que era parte de su atractivo, la fantasía de la inocencia corrompida. Nadie ha sido más joven que Faithfull en 1964. Y nadie ha sido más vieja de lo que ella es en su nuevo disco. Es una cantante de salón, su voz arenosa por años de fumar, gritar y quedarse bajo la lluvia toda una noche -un chirrido de sabiduría. Es la misma calidad que hizo que los últimos discos de Frank Sinatra, después de que su voz se hubiera apagado, electrizantes. No son sólo las canciones; es la vida que puede escucharse aunque los títulos por si mismos cuentan una historia: The Price of Love, Give My Love to London, Love More or Less, I Get Along Without You Very Well. Es una cantante con la mirada puesta en el horizonte. “Es un disco muy personal acerca de las cosas por las que he pasado con mis seres queridos”, dijo. “Es sobre cómo seguir adelante”. 
 
La vida de Faithfull replicó la historia misma del rock ‘n’ roll, que comenzó con melodías juguetonas y saltarinas y Frankie Lymon and the Teenagers, para luego pasar, por un tiempo, a melodías atonales y discos conceptuales, que es otra forma de decir “experiencia”. Para los años ‘70, ya había perdido todo y estaba en la calle, una adicta más cargando con su jeringa. Su voz era un susurro y estaba desesperada. 
 
Faithfull tiene 67 años. Divide su tiempo entre Dublin y París. Fuma cigarrillos electrónicos, camina, canta, escribe, piensa. Aunque ya no es el símbolo sexual que fue, sigue siendo hermosa. La contacté por teléfono en París. Se había roto una cadera ese verano, que junto con otra lesión le dio un tiempo para reflexionar. “Seis meses en la cama te llevan a eso”, me dijo. “Te vuelves introvertido. Comienzas a pensar en cosas, demasiadas cosas”.
 
Hablamos de su infancia en un pequeño pueblo al norte de Liverpool. Su madre fue una aristócrata austrohúngara, la baronesa Erisso, cuyo tío abuelo, el barón Leopoldo von Sacher-Masoch, escribió La Venus de las pieles [Venus in Furs], el libro que dio origen a la palabra masoquismo. Su padre fue oficial de la inteligencia británica durante la Segunda Guerra Mundial, y luego profesor de literatura italiana. A pesar de crianza aristocrática, su infancia fue difícil. Sus padres se separaron cuando ella tenía seis años de edad. Nunca hubo mucho dinero. Faithfull fue educada en un convento, donde aprendió lo básico de este mundo y del próximo. 
 
“¿Eras católica?”
 
“Originalmente, no, pero tuve que hacerme católica. No podría haber sobrevivido de otra manera. Fui una alumna brillante en el convento. Me estaba preparando para ir a la universidad o a una escuela de arte o música. Y luego… bueno, me descubrieron, ¡Por Dios! No hubiera sido un ser humano si no hubiera querido irme de casa.” 
 
El primer gran momento fue en 1964, en la fiesta de lanzamiento de una cantante adolescente llamada Adrienne Posta, una de esas tarde especiales del Londres de aquel entonces. El círculo social y las conexiones de Faithfull con la explosiva escena músical de la ciudad la llevaron a esa fiesta donde había varias estrellas jóvenes del rock. Y ahí aparece el exótico manager de los Stones y se le acerca a la chica del convento atravesando una nube de cigarrillo. “El P___ Andrew Oldham, disculpa mi lenguaje”, recuerda Faithfull riéndose. “Él era fascinante. Nunca había conocido un hombre que usara maquillaje, nunca había conocido a alguien que hablara de esa manera”: ´Voy a convertirte en una estrella, nena´. Había visto Sweet Smell of Success y todas esas películas de Laurence Harvey, por lo que entendí de donde había sacado ese estilo.” 
 
A la semana siguiente, Faithfull estaba en una sesión de grabación con Oldham y el ingeniero Mike Leander. Según cuenta la leyenda, Oldham había encerrado a Jagger y Richards en una cocina en Chelsea unos meses atrás diciendo: “No salgan hasta que hayan escrito una canción”. Les llevó mucho tiempo darse cuenta de cómo componer para los Stones. Sus primeras canciones eran baladas melancólicas. Oldham las repartió entre otros clientes. “Escuché por primera vez As Tears Go By en el estudio”, dice Faithfull. “No estaba pensada para ser un sencillo; era más para el lado B del disco. Era una maniobra de Andrew por la que se suponía de que yo debía cantar una horrible canción de Lionel Bart. Obviamente estaba mal. Mike Leander dijo: ‘¿Por qué no intentamos con el lado B?’. Debía haber una grabación de Mick y Keith. La escuché una o dos veces, entré al estudio y la canté. Fue mágico”. 
 
Faithfull ha regrabado la canción desde entonces, encontrando una nueva resonancia. Se involucró más en la tristeza de la canción ha medida que envejeció. 
 
It is the evening of the day. 
 
I sit and watch the children play. 
 
¿El 50 aniversario le parece significativo o es sólo un número? “Es muy significativo”, dijo, “porque no solo fue el lanzamiento de As Tears Go By; fue el comienzo de una vida completamente diferente. Es cuando me transformé en una artista con disco propio”. 
 
Faithfull conoce a Jagger y a Richards desde que ella era una niña y ellos eran unos muchachos. Brian Jones, uno de los miembros fundadores de los Stones, murió antes de cumplir 28 años, pero ella lo conoció en sus últimos días. Ella estaba en una seria relación con John Dunbar, el dueño de la galería de arte Indica, donde se conocieron John Lennon y Yoko Ono. Se casó con Dunbar a los 18 años de edad y tuvieron un hijo. La maternidad no fue un obstáculo para involucrarse primero con Richards y luego, de una forma más profunda, con Jagger. Durante un tiempo osciló entre Dunbar y Jagger, a veces con su hijo a cuestas, a veces dejándolo atrás. Para 1967, el público la veía como la pareja de Jagger. Eran la pareja de la época, los Scott Fitzgerald y Zelda de Londres. Durante un tiempo, cansados de los hoteles y los teatros, dejó las giras para ser parte del círculo íntimo de los Stones. La banda había logrado fusionar lo masivo con la vanguardia. Hacían fiestas, tomaban drogas y se divertían mucho. Fue un momento dorado que se desplegó como un día que parece no terminar nunca, hasta que termina. 
 
Para Faithfull el punto de inflexión, su Waterloo, fue en 1967 con la redada de drogas en la casa en el campo de Richards en Redlands, Sussex, en la costa sur de Gran Bretaña. Fue un escándalo que llegó a la portada de los tabloides, uno de los momentos más recordados de la era del ácido: Jagger y Richards y varios de sus amigos fueron sorprendidos con LSD en compañía de una mujer, de la que no se conoció su nombre y que se convirtió en un misterio bajo el nombre de Miss X. 
 
“Redlands fue mi momento de verdad, cuando me di cuenta de que estaba en una situación que no podía soportar más”, me dijo. “Había sido divertido por un tiempo, y creo que todos cometimos errores. Creímos que nada podía alcanzarnos, olvidándonos completamente de la envidia de la clase trabajadora y la clase media, de cómo se sentirían. En mi arrogancia, nunca se me cruzó eso por la cabeza”. 
 
Faithfull no fue arrestada pero Jagger, Richards y otros dos amigos si. Hubo un juicio tremendo –casi montado para las cámaras- que cimentó la reputación de los Stones como los forajidos del rock. Jagger y Richards pasaron una noche en la cárcel antes de que la presión de la opinión pública los ayudara a salir en libertad. También fue crucial la publicación de una editorial en el diario conservador London Times. Aunque debía sentirse avergonzada, Faithfull fue a los tribunales para respaldar a Mick y a Keith pero también para mostrarse desafiante. 
 
Claro, esa era la apariencia, pero la forma en que realmente se sentía era diferente. “Recibí terribles cartas de odio”, me dijo Faithfull. “Nunca lo olvidaré. Los peores artículos en los diarios. Yo tenía apenas 20 años. Creí todo y me golpeó muy a fondo. Me deprimí mucho. Mick y Ketih, Dios los bendiga, crecieron, maduraron, se fortalecieron, se volvieron más brillantes, más malos, más caprichosos, más poderosos. Pero como mujer, era algo que iba en contra de las reglas. Salimos rápido del asunto, tratamos de simular de que estaba todo bien, que podíamos seguir divirtiéndonos pero empecé a sentirme mal conmigo misma. Y luego empecé a tener los problemas que toda mujer tiene cuando sale con Mick Jagger. No pude soportarlo más, mujeres por todos lados y todo eso”. 
 
El cambio mental se produjo en el verano de 1969 cuando Brian Jones, quien había sido echado de la banda unas semanas antes y sufría de paranoia, se ahogó en una piscina. Fue el comienzo de una serie de muertes de estrellas de rock: Brian, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison. Todos tenían 27 años cuando murieron. Luego de la muerte de Jones, Faithfull y Jagger viajaron a Australia para aparecer en la película Ned Kelly de Tony Richardson, que era la historia de un ladrón de bancos. Faithfull tomó pastillas para dormir antes del vuelo y tomó más cuando llegó al hotel. En un momento se levantó, estaba con jet lag, caminó con los ojos entrecerrados hasta el baño y se miró al espejo. Vio la cara de Brian Jones del otro lado. La invitaba a pasar al otro lado del vidrio. Las ventanas estaban cerradas por lo que en vez de saltar, tomó más pastillas para dormir y se acostó al lado de la estrella de rock que seguía durmiendo. 
 
“Fue algo muy feo que le hice a Mick ,a Tony Richardson, a mi madre, a mi pequeño hijo que estaba en Inglaterra, a mí misma”, dijo. “Recuerdo haber tenido sentimientos del estilo: ´¡Les voy a demostrar! ¡Se van a dar cuenta cuando me muera de que no tendrían que haberme hecho eso!´. ¡Me olvidaba completamente de que me podía morir! Lo entendí años después cuando conseguí un buen psicólogo en Boston y me dio un ensayo que Freud escribió sobre la melancolía en el que describe la locura del suicidio, cuando se separan el yo, el ego y el superyo. Es ahí cuando realmente puedes verte morir, saltando por una ventana, lo que elijas para hacerlo. Y estás en tu propio funeral escuchando lo que la gente dice de ti.” 
 
Los días pasaron y ella seguía durmiendo. En un sueño se encontró con Brian, que le dijo cuán solo había estado. Ella lo acompañó hasta al borde de la nada y lo dejó ir. Faithfull se despertó en un hospital con Mick y su madre al lado. “Había tomado 150 Tuinals y estuve inconsciente durante seis días”, recuerda. 
 
Para Faithfull, el período posterior al intento de suicidio fue un cambio de las drogas expansivas a los somníferos, de una búsqueda experimental a la búsqueda de insconciencia, de escape. Un desastre personal para Faithfull, la resaca posterior a los años ‘60 fue parte también de un sentimiento generalizado de malestar: Vietnam, el Watergate, la OPEP. En un momento, Faithfull se volvió muy autodestructiva. En sus memorias, recuerda una conversación que escuchó entre Jagger y Ahmet Ertegun, el fundador de Atlantic Records. “Hay una sola cosa por hacer”, le dijo Ertegun a Jagger. “He visto a muchos hombres con el corazón roto por culpa de drogadictas. Arruinan la vida de todos los que están a su alrededor. Es un agujero sin fondo y te arrastrará al menos que la dejes ir”. 
 
Jagger y Faithfull rompieron su relación. Al poco tiempo, en un taxi de Londres, se enteró del compromiso entre Jagger y Bianca Pérez Mora Macias. Faithfull se bajó del auto, se emborrachó, la arrestaron y pasó la noche en la cárcel. A partir de allí entró en una zona oscura que la llevó a la calle. Perdió el contacto con sus amigos y su familia. Peor aún, perdió la custodia de su hijo. Por momentos parecía la princesa andrajosa de la canción de Bob Dylan “Like a Rolling Stone”, vagando por las calles en las que alguna vez reinó. Sin embargo, a través de todo, se mantuvo fiel a su filosofía de probar todo tipo de experiencias. “Para mí, ser una adicta fue una vida admirable”, escribió más tarde. “Vivía en el anonimato total, algo que no conocía desde que tenía 17 años. Siendo adicta en las calles en Londres, finalmente lo entendí. No tenía teléfono, ni dirección. Nadie me conocía”. De alguna manera, sobrevivió. 
 
Cuando encontró su camino de regreso en 1979 con Broken English, era un nuevo sonido, una nueva voz, más experimentada, más arenosa, marchita. “Era otra persona la que usted escuchó en el disco”, dijo Charlotte Rampling. “Y contaba con tanta claridad lo que había pasado y cómo había vivido”. Siguió una serie de grandes discos: Strange Weather; Before the Poison; Easy Come, Easy Go; Horses and High Heels. Sus últimos discos son los mejores –poderosos porque sugieren una vida más allá de la música-, como un destilado. La figura ingenua de comienzos de los años ‘60 que terminó la década siendo una chica hippie; la heroinómana de comienzos de los ‘70 que terminó vagando por las calles. Faithfull siempre ha sido una personificación de su época. 
 
Ahora es parte de la generación del rock and roll que es adulta y digna. “Marianne ha vivido tantas vidas y tiene muchas más por vivir”, respondió Yoko Ono por mail. “Siempre mantuvo su ánimo. A medida que pasa el tiempo, está cada vez mejor”. Eso es su nuevo disco: el caos recolectado en la calma posterior a la tormenta. 
 
“Todos tenemos que pasar por ello”, me dijo Faithfull, riendo. “Pero para ser amable, les compartiré mi lema: ´Nunca deje que los desgraciados le quiten su impulso ´”. 
 

 


Post: pepebancho- Fuente: The Wall Street Journal - Link origen
 
 

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