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Geoff Emerick: Habla el guardián de los secretos de Los Beatles (Segunda Parte)

La lucha -incluso por un solo de guitarra- que mantenían John y Paul; Yoko robándole galletas a Harrison; los colocones de Lennon... Geoff Emerick fue el ingeniero de sonido y testigo de las grabaciones del cuarteto. Nunca había contado lo que allí pasó... hasta ahora. 
 
Jueves, 12 de Junio de 2014 | 08:56 (actualizado a las 08:58)
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Geoff_Emerick.jpg_Geoff Emerick: Habla el guardián de los secretos de Los Beatles (Segunda Parte)

Estaba allí, en los estudios de Abbey Road, rodeado de cables, discreto, sin levantar la voz, siempre a las órdenes del productor George Martin en su labor de ingeniero de sonido del mítico estudio. Se llama Geoff Emerick (Londres, 1946) y vivió, mudo, episodios que cambiaron la historia del rock: la elaboración de los grandes discos de los Beatles. Emerick ha decido ahora hablar. Lo hace a través del libro El sonido de los Beatles, donde narra al detalle el declive personal de la banda, su manera de trabajar, la aparición de Yoko Ono, las luchas… Estos son algunos extractos del libro.
 
- TÓCALA OTRA VEZ, DAVID
(Grabación del solo de trompeta de Penny Lane, 1967, por el reputado trompetista David Mason).
 
Como el verdadero profesional que era, Mason tocó a la perfección al primer intento, incluyendo el solo extraordinariamente exigente que terminaba en una nota alta casi imposible de alcanzar. Fue la interpretación de su vida.
 
Y todo el mundo lo sabía… excepto Paul [McCartney], claro. Cuando la nota final se fundió con el silencio, habló por el intercomunicador.
– Muy buena, David -dijo Paul con total naturalidad-. ¿Podemos probar otra vez?
 
Se produjo un largo silencio.
 
– ¿Otra vez? -el trompetista alzó la vista hacia la sala de control, con un gesto de impotencia. Parecía que no encontrara las palabras. Al final, dijo con suavidad: Mirad, lo siento. Me temo que no lo puedo hacer mejor.
 
Mason sabía que lo había clavado, que había tocado cada nota a la perfección y que era un hito prodigioso imposible de mejorar. Entonces, George Martin intervino y se dirigió enfáticamente a Paul, en una de las pocas ocasiones que le vi reafirmar su autoridad como productor en aquellas semanas.
 
– Por el amor de Dios, no le puedes pedir a ese hombre que lo vuelva a hacer: ¡es fantástico!
 
[…] Durante un embarazoso instante, el productor y el tozudo y joven artista se miraron fijamente. Por fin, Paul volvió a hablar por el micro interno:
 
-De acuerdo, gracias, David. Ya te puedes ir, quedas en libertad provisional sin fianza.
 
 
- EL COLOCÓN DE LENNON
(Durante la sesión de grabación de Lovely Rita, de Sgt. Pepper’s, 1967).
 
Paul, George Harrison y él [John] estaban haciendo coros alrededor del micrófono cuando Lennon anunció de pronto que no se encontraba bien. George Martin habló por el intercomunicador:
 
– ¿Qué pasa, John? ¿Es algo que has comido?
 
Los otros soltaron unas risas, pero John permaneció solemne.
 
– No, no es eso -respondió-. Es que me cuesta concentrarme.
 
En la sala de control, Richard [Lush, ayudante del ingeniero] y yo intercambiamos miradas. “Vaya –pensamos–, la droga empieza a hacer su efecto”. Pero George Martin no parecía tener ni idea de lo que sucedía:
 
– ¿Quieres que te acompañen a casa? -preguntó.
 
– No -dijo Lennon con un hilo de voz lejana.
 
– Bueno, pues ¿quieres tomar un poco el aire? -sugirió George amablemente.
 
– Vale -respondió el sumiso John.
 
Tardó mucho en subir las escaleras; se movía como a cámara lenta. Cuando por fin cruzó el umbral de la sala de control, me di cuenta de que tenía una mirada extraña y vidriosa […]. De pronto echó la cabeza hacia atrás y se puso a mirar atentamente al techo, atemorizado. Con cierta dificultad, por fin, soltó unas palabras no especialmente profundas:
 
– Vaya, ¡mirad eso! -estiramos el cuello, pero lo único que vimos fue… el techo.
 
– Vamos, John, podemos subir por las escaleras de atrás -dijo George Martin suavemente, llevándose al ofuscado beatle de la habitación.
 
[…] George Martin regresó a la sala de control, solo. […]
 
– ¿Dónde está John? -preguntó Paul.
 
Antes de que Richard pudiera responder, George Martin habló por el intercomunicador:
 
– Lo he dejado en la azotea, mirando las estrellas.
 
[…] Al cabo de un par de segundos, se dieron cuenta de lo que sucedía: ¡John está en pleno tripi y George Martin lo ha dejado solo en la azotea! Como si fueran actores de una antigua película muda, los dos Beatles reaccionaron a la vez y se lanzaron juntos escaleras arriba. 
 
 
- “¡A TOMAR POR SACO!”
Hubo una ocasión en que la adulación de las fans hizo perder los nervios a Lennon, y yo lo presencié. Todo el mundo regresaba a casa al final de una sesión nocturna en la que John había estado de peor humor que de costumbre. Dio la casualidad de que yo me encontraba en lo alto de la escalera de entrada de Abbey Road justo cuando el chófer de John intentaba maniobrar el Rolls-Royce psicodélico para salir del aparcamiento y abrirse paso entre las fans, que bloqueaban la salida. Siempre bromista, Lennon llevaba escondido un altavoz bajo el capó y un micrófono dentro del coche. De pronto, se puso a gritar: “¡Idos a tomar por saco!”.
 
Yo lo encontré muy divertido, y además funcionó. Con el susto, todo el mundo se apartó de un salto y el Rolls aceleró hasta perderse en la noche, mientras el cacareo de las risas de John resonaba por la calle.
 
 
- “NO TIENES NI IDEA”
(Grabación de Revolution 9, del Álbum blanco, 1968).
 
Los cuatro Beatles se reunieron en el estudio, y John puso orgulloso los dos temas que había terminado en ausencia de los demás. Por el oscuro nubarrón que vi cerñirse sobre el rostro de Paul vi que Revolution 9 le había disgustado profundamente, y se produjo un silencio embarazoso al terminar el tema. John miró a Paul con expectación, pero el único comentario de Paul fue: “No está mal”, que, como yo sabía, era un modo diplomático de decir que no le gustaba. Ringo y George Harrison no expresaron opinión alguna. Los dos parecían claramente nerviosos, y era evidente que no querían meterse en un lío.
 
– ¿Que no está mal? -dijo Lennon con sorna a Paul-. No tienes ni idea de lo que hablas. De hecho, ¡esto tendría que ser nuestro próximo sencillo! Ésta es la dirección que los Beatles deberían tomar a partir de ahora.
 
Yoko, con una espantosa falta de tacto, consiguió agravar todavía más las cosas soltando:
 
-Estoy de acuerdo con John, me parece genial.
 
 
- INSPIRACIÓN TÓXICA
(Grabación de Ob-la-di Ob-la-da, del Álbum blanco, 1968).
 
[…] Cuando Paul anunció varias noches más tarde que quería borrar todo lo que habían hecho hasta el momento y empezar la canción de cero, John se puso como un loco. Despotricando de todo, se dirigió hacia la puerta, seguido de cerca por Yoko, y pensamos que ya lo habíamos visto bastante por aquella noche. Pero pocas horas más tarde regresó hecho una furia al estudio, en un estado mental claramente alterado.
 
– ¡VOY COLOCADÍSIMO! -aulló John Lennon desde lo alto de las escaleras. Había elegido hacer su entrada por la puerta de arriba, seguramente para poder llamar rápidamente la atención a los tres alarmados Beatles que estaban abajo. Tambaleándose ligeramente, continuó mientras agitaba los brazos para subrayar sus palabras:
 
– Voy más colocado de lo que vosotros habéis ido jamás. ¡De hecho, voy más colocado de lo que vosotros iréis jamás!
 
Me volví hacia Richard y murmuré:
 
– Vaya, vaya, esta noche está de buen humor.
 
– Y así -añadió Lennon con sarcasmo- es como debería ir la canción.
 
Vacilante, descendió las escaleras, se acercó al piano y empezó a aporrear las teclas con todas sus fuerzas, tocando los famosos acordes iniciales que se convirtieron en la introducción de la canción, a un tempo demencial. Paul, demudado, se puso delante de John. Por un instante pensé que le iba a dar un puñetazo.
 
– Vale, John -dijo con las palabras breves y cortantes, mirando directamente a los ojos de su enajenado compañero-. Hagámoslo a tu manera.
 
Por muy enfadado que estuviera, creo que en lo más hondo Paul se sentía halagado de que su colaborador de toda la vida hubiera dedicado su atención al tema… aunque evidentemente lo hubiera hecho estando totalmente ido.
 
 
- LA GALLETA DE GEORGE
(Grabación de The end, de Abbey Road, 1969).
 
Mientras escuchábamos [la pista base de The end], me di cuenta de que algo que sucedía en el estudio había captado la atención de George Harrison. Al cabo de unos instantes empezó a mirar con los ojos como platos por el cristal de la sala de control. Curioso, miré por encima de su hombro. Yoko se había levantado de la cama y se deslizaba lentamente por el estudio, hasta detenerse ante la caja del altavoz Leslie de Harrison, sobre la cual había un paquete de galletas digestivas McVitie. Despreocupadamente, procedió a abrir el paquete y extrajo con delicadeza una sola galleta. Justo cuando estaba a punto de meterse en la boca el manjar, Harrison no pudo contenerse más:
 
– ¡¡¡LA MUY ZORRA!!!
 
[…] Lennon le dedicó algunos gritos, pero poco podía decir en defensa de su mujer (que, ajena a todo, seguía masticando alegremente en el estudio), pues él mismo compartía exactamente la misma actitud hacia la comida. 
 
 
- LA ÚLTIMA VEZ JUNTOS
(Grabación de The end, 1969).
 
– Un solo de guitarra es lo más evidente -dijo George Harrison.
 
– Sí, pero esta vez deberías dejármelo tocar a mí -dijo John medio en broma. Le encantaba tocar la guitarra solista […], pero sabía que no tenía la fineza de George o de Paul.
 
– ¡Ya lo tengo! -dijo maliciosamente John, poco dispuesto a renunciar-. ¿Por qué no tocamos todos el solo? Podemos hacer turnos e intercambiar frases […].
 
George parecía dudoso, pero a Paul no sólo le gustó la idea, sino que fue un poco más allá:
 
– Mejor aún -dijo-: ¿Por qué no lo tocamos los tres en directo?
 
A Lennon le encantó la idea. Por primera vez en semanas vi un brillo de felicidad en sus ojos. […] Paul anunció que quería tocar el primer solo, y como la canción era suya, los otros aceptaron. Siempre competitivo, John dijo que tenía una gran idea para el final, de modo que sería el último. Como siempre, el pobre Harrison quedó eclipsado por sus compañeros de grupo y le tocó la parte del medio por defecto.
 
Yoko, como de costumbre, estaba sentada al lado de John […], pero cuando Lennon se levantó para ir al estudio, se volvió hacia ella y dijo suavemente: “Espérame aquí, cariño, sólo será un minuto”. Ella se quedó algo sorprendida y dolida, pero hizo caso a John, y se quedó sentada en silencio. Era como si él supiera que iba a estropear el ambiente si bajaba con ellos al estudio. En su interior, John debió de sentir que para que aquello funcionara necesitaba hacerlo a solas con Paul y George, que sería mejor que en esta ocasión Yoko no estuviera a su lado.
 
 
 

Post: pepebancho- Fuente: rollingstone - Link origen
 
 

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